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Construir para el próximo terremoto: las ventajas de la madera frente al sismo

septiembre 28, 2026

Artículo de Opinión de Antolino Gallego en Ideal 14/09/2026

Ensayo sísmico de un edificio de madera de 7 plantas (Proyecto CNR-IVALSA en Italia):

Ensayo sísmico de un edificio de madera de 10 plantas (Proyecto TALLWOOD, San Diego, USA)

Los terremotos no se pueden predecir. Esta es una realidad que deberíamos asumir todos. Podemos conocer las zonas de riesgo, estudiar cómo se comporta el terreno y estimar probabilidades de que ocurran, pero no sabemos cuándo llegará el próximo. Japón lo sabe bien desde hace tiempo. Y quizá por eso su tradicional cultura sísmica nos aporta una enseñanza obvia que deberíamos interiorizar plenamente en Granada: si no podemos evitar el terremoto, tenemos que evitar que se convierta en una tragedia.

Hace tiempo tuve la suerte de vivir un año en Japón, en una casa de entramado ligero de madera. Durante este periodo experimenté varios terremotos, alguno de ellos de magnitud 7. Aquella experiencia personal me hizo comprender algo sobre lo que después he podido profundizar: una construcción ligera, flexible y correctamente diseñada puede tener un comportamiento extraordinariamente bueno frente a un terremoto.

Por suerte, Granada no tiene la sismicidad de Japón, pero tampoco podemos olvidar que vivimos en una de las zonas de mayor actividad sísmica de la península. Nuestra respuesta debería ser proactiva: llevar a la realidad lo que la física, la ingeniería estructural y la ciencia de los materiales nos han enseñado.

Cuando el terreno se mueve, según la segunda ley de Newton que aprendimos en la Escuela, las fuerzas que debe soportar la estructura de un edificio dependen directamente de su masa y de la aceleración del terreno. La aceleración no la podemos cambiar pues viene impuesta por el terremoto, pero sí que podemos cambiar el peso del edificio. En este punto, la madera presenta unas características especialmente interesantes frente a los terremotos ya que es mucho más ligera que el hormigón y el acero. Menos peso significa menores fuerzas sísmicas.

Pero la ligereza no es su única ventaja. La madera procede de los árboles, que pasan toda su vida creciendo y adaptándose a la fuerza del viento. Esta circunstancia atribuye a la madera una notable capacidad de deformación, la cual resulta de enorme utilidad frente a un terremoto. Mayor flexibilidad significa mayor resiliencia a las fuerzas sísmicas.

Además, en la construcción industrializada actual, las piezas prefabricadas de madera —muros, forjados, vigas o cubiertas— se unen mediante conexiones metálicas. Estas conexiones están diseñadas para deformarse de manera controlada ante las fuerzas del terremoto y disipar parte de su energía antes de que se produzca el colapso. En cierta manera estas conexiones metálicas actúan como fusibles sísmicos que protegen la estructura principal. Después del terremoto, estos elementos de conexión pueden ser inspeccionados y, cuando sea necesario, reparados o sustituidos. Mayor disipación de energía del edificio significa mayor resiliencia a los terremotos.

Pero además, los grandes paneles prefabricados de madera con los que hoy se edifica pueden funcionar como grandes diafragmas o membranas capaces de distribuir las fuerzas por el edificio. Este efecto diafragma también puede conseguirse mediante losas prefabricadas innovadoras mixtas de madera y hormigón, que aprovechan las mejores propiedades de ambos materiales: la ligereza y capacidad de deformación de la madera, junto con la resistencia que aporta el hormigón. Mayor reparto de cargas en el edificio significa mayor resiliencia a los terremotos.

En la Universidad de Granada, diferentes grupos de investigación llevamos años trabajando en esta dirección, desarrollando y verificando sistemas capaces de combinar eficiencia estructural e industrialización/prefabricación. No estamos hablando de una tecnología experimental que algún día podría llegar. Tenemos conocimiento científico, tenemos tecnología y tenemos capacidad para diseñarla, fabricarla y montarla en obra.

Lo que quizá nos falta es dar el siguiente paso: usarla.

Son los arquitectos y los ingenieros quienes tienen en su mano incorporar estas tecnologías a sus proyectos cuando resulten técnica y económicamente adecuadas. Pero también las administraciones responsables —Gobierno, Junta de Andalucía, Diputación y ayuntamientos— pueden impulsar programas de vivienda menos vulnerable y utilizar la contratación pública como motor para acelerar la incorporación de estas soluciones. Los promotores privados, por su parte, tienen la oportunidad de demostrar que seguridad, industrialización, sostenibilidad y competitividad pueden formar parte de una misma estrategia.

Pero podríamos ir incluso más allá. La madera industrializada/prefabricada nos permite cerrar un círculo. Su construcción es rápida, precisa y requiere menos personal en obra, lo que puede ayudarnos a afrontar dos problemas importantes de nuestra sociedad: la falta de vivienda y la escasez de trabajadores en el sector de la construcción.

Y si aumentamos la utilización de madera en la construcción, también aumentamos el valor de nuestros montes y de los productos que generan. Una gestión forestal activa, planificada, sostenible, sostenida y orientada a producir madera puede contribuir a reducir el abandono de las masas forestales y, con ello, el impacto de los grandes incendios. Unos montes mejor gestionados contribuyen también a regular la escorrentía, reducir la erosión y retener sedimentos, ayudando a disminuir los efectos de las avenidas asociadas a episodios de lluvias extremas.

Así, construir con madera no es solamente una decisión sobre un material. Puede formar parte de una estrategia mucho más amplia de resiliencia del territorio ante múltiples riesgos y situaciones de emergencia: edificios más seguros, bosques mejor gestionados y un territorio más seguro.

No podemos saber cuándo llegará el próximo terremoto. Tampoco podemos impedirlo ni cambiar su aceleración. Pero sí podemos decidir qué tipo de edificios encontrará cuando llegue.